Todos los seres humanos deseamos tener éxito en la vida, desarrollar toda la potencialidad que está en nosotros. Estoy convencido de que todos en alguna forma deseamos ser mejores porque tenemos potencialidades que, estamos seguros, aún no las hemos desarrollado en su máxima expresión y están ahí dormidas esperando un estímulo para despertar y mostrar toda su grandeza.
Los seres humanos sintetizamos el más grande misterio de la creación, que es la perfección de nuestro organismo con sus 12 mil millones de células cerebrales, con la flexibilidad de nuestros músculos, la plasticidad y lo pragmático de nuestros movimientos, la resistencia de nuestra estructura ósea, que desplaza proporcionalmente toneladas por centímetro cuadrado; nuestra potencialidad visual que, con los ajustes automáticos del iris de nuestros ojos, se adapta micrométricamente a los cambios de luz; y la máxima de las incógnitas: nuestro cerebro, centro motriz y de mando de todo nuestro cuerpo, la voluntad y la fe, misterios aún no descifrados.
Imagine por un momento que como padre de familia le da a su hijo lo mejor: educación, alimentación, medios, oportunidades, etcétera, y después de darle todo, éste le resultara mediocre. Como padre se sentiría seguramente frustrado y decepcionado. Imagine ahora cómo se sentirá Dios, con tanto mediocre, ya que nos ha dado todo para ser triunfadores; lo mismo se desgasta un ser humano para triunfar que para ser un fracasado; utilizamos la mejor y más perfecta invención sobre la faz de la Tierra para auto destruimos o para destruir a los demás.
Todos los seres humanos hemos recibido la misma opción para realizarnos. La gran diferencia la marcan aquellos pocos que se han decidido a emplearse a fondo para lograr lo que desean
El doctor Donald Forman, director de Bioquímica de Evanston, ha determinado el valor comercial de un ser humano si se le extrajera su contenido de proteínas, grasas, minerales, vitaminas y carbohidratos. Nuestro precio, según las cotizaciones internacionales, sería de 5.60 dólares.
Entonces, si todos los seres humanos valemos lo mismo en cuanto a contenido, ¿cuál es la diferencia entre un premio Nóbel y un narcotraficante, entre un líder de la libertad y un dictador? La diferencia es cómo utilizó cada quien su cerebro y cómo orientó sus potencialidades, y esa fuerza que se llama espíritu de realización ha hecho que existan personajes en la historia que no tienen precio por los incalculables beneficios que han aportado a la humanidad.
Usted puede ser excelente: posee todo para lograrlo. El llamado a la Excelencia es un llamado universal, ya que nadie fue creado para ser un mediocre; lo que se requiere es su decisión personal para lograrlo.
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